Malinchismo más próximo

México es una tierra extraordinaria. Llevo ya una semana por estas tierras y la acogida ha sido fantástica. He estado impartiendo conferencias en el Hotel Nikko,  de Polanco, la Cámara Española de Comercio de México y la Universidad Anáhuac, de Xalapa, además de entrevistarme con algunas empresas de renombre: Telefónica Móviles, Grupo Posadas, Sener, Aldesa, Grupo Real, Intellego, Elecnor, Liverpool, Viajes El Corte Inglés, Human Key… Muchas gracias a todos por vuestra atención e interés.

Y, desde aquí, en la quietud de Cocoyoc, un pueblo del estado de Morelos, quisiera aprovechar para contaros sobre la historia de Doña Marina.

Cuentan que en una ocasión Hernán Cortés dijo que “después de Dios, le debemos la conquista de la Nueva España a Doña Marina”. Doña Marina no era otra que a quien se le ha llamado la Malinche. Nacida en una familia noble indígena, se cuenta que de pequeña fue secuestrada y vendida. En 1519 es regalada, junto con otras tantas mujeres, a Hernán Cortés que, al darse cuenta de que hablaba diferentes lenguas, la toma como intérprete y mediadora. Pero el hecho de dar también un hijo al conquistador y facilitarle la conquista, es interpretado como un acto de  gran traición y, en el ámbito latinoamericano, pasa a denominarse “malinchismo” la actitud o comportamiento servil y de complicidad con el opresor o el extranjero.

En términos más amplios, se escucha hablar de malinchismo cuando apreciamos más lo extranjero o ajeno que lo propio. Y, me parece curioso que, además de decir ser una realidad en México, pienso que también es costumbre en algunos otros países: apreciar más lo lejano que lo cercano; hacer más esfuerzo por conocer más lo distante que lo próximo.

En cualquier caso me quedaba pensando cuántas veces, también en nuestras relaciones somos algo malinchistas. A veces, mostramos mejor cara con el desconocido que con el propio. Y gestionamos mejor nuestras emociones con el que recién aparece que con los nuestros. Este malinchismo sobre el que pienso, tiene más que ver con buscar más allá de lo que tenemos, para conseguir tener más, en vez de disfrutar y apreciar lo que somos, hacemos y tenemos.

Pienso que la costumbre nos lleva a ello – lo llaman adaptación hedónica – pero, ¿y qué tal si nos detenemos hoy para disfrutar, agradecer y reconocer lo que nos rodea, empezando por nuestros seres más queridos? Eso ya es mucho.

La próxima semana estaré impartiendo conferencias en la Universidad Panamericana y con un cliente del mundo financiero mexicano. Quedan otras tantas reuniones pendientes. Y mi regreso a España. La noche duerme tranquila en Cocoyoc. Me acostaré disfrutando estos espléndidos momentos. Y agradeciendo.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s