La excusa perfecta para humanizar la alegría: Intocable

¿Qué es lo que tienen en común un millonario francés, amante del arte y tetrapléjico, con un joven negro que acaba de salir de la cárcel, proveniente de un barrio marginal y algo desvergonzado? 

“Intocable” es una fabulosa película francesa que no sólo está resultando un éxito en taquilla sino que, además, provoca con increíble facilidad la sonrisa del público, mostrando que la humanidad, la vulnerabilidad y la alegría pueden ir de la mano.

Los protagonistas, los dos personajes esbozados anteriormente, se conocen en un curioso proceso de selección de candidatos, para cuidar al adinerado discapacitado. Desde entones, se empieza a tejer una relación sorprendente entre quienes, en apariencia, pocas cosas tienen en común. 

Como contraste a otras películas que nos muestran la enfermedad o la discapacidad como una realidad triste e inasumible, “Intocable” propone una visión realista, vital y alegre, a través de una verdadera relación significativa entre ambos personajes. Personajes que, por sí solos, quizá sean frágiles y vulnerables, pero que juntos, como dice alguna crítica, se hacen intocables.  

Después de disfrutar la película, pesaba que a esos personajes les mueve y les unen tres aspectos de verdad emotivos e interesantes, y que se contagian fácilmente cuando eres el observador de su historia:

  1. La alegría y las ganas de vivir. Philippe no se puede mover por sí mismo y sus movimientos están más que reducidos. Su parálisis podría ser su cárcel, pero a pesar de ello, quiere disfrutar de la vida, desea sentir, quiere vivir. Y es, precisamente la ausencia de compasión – la compasión del que ve sin mirar, del que mira sin sentir, del que siente sin actuar – lo que le atrae del joven Driss. Quizá, inicialmente, un tanto irrespetuoso, llama la atención del rico aristócrata, por su energía y vitalidad, que ve más allá de la silla de ruedas, y que es capaz de encontrar a una persona y no sólo a un enfermo. Y con humor, mucho humor y sana rebeldía, encaran cada uno de los problemas que se les van presentado. 
  2. El reto constante.  Es un reto para el enfermo estar con alguien que no es un especializado cuidador y que ni siquiera sabe qué hacer. Es un reto para el cuidador atender las manías y necesidades del necesitado. Pero no es un problema, es un reto. Y su relación supone, en sí mismo, también otro reto. Para ambos, el estilo de vida y de pensar del otro, suponen un cambio de paradigma y, constantemente se pone de manifiesto.
  3. La actitud con la que se asume ese reto es formidable. Las dificultades o los retos están ahí, pero la actitud positiva para afrontarlos es extraordinaria. Su sentido del humor, la ausencia de rigidez y la humanidad, hacen que la relación deje de ser meramente profesional – qué tengo que hacer contigo para ayudarte – a especialmente humana y personal – quiero ayudarte, deseo que estés lo mejor posible y me importas-

Enternece y emociona ver a dos personajes humanos, muy humanos, donde los dos son seres necesitados y se sienten, en su mundo, vulnerables, pero también los dos ofrecen lo mejor de sí mismos para ayudar al otro. ¡Fantástica historia!

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