El mito de la racionalidad humana

Imagina que estás comprando un billete de lotería. Te ofrecen dos números, el 11.111 y 667.541, ambos los tienes en la mano, ¿cuál escogerías? “Lo tendría muy claro – me dicen en tantas ocasiones – elegiría el segundo número”. Y cuando pregunto por qué, la respuesta suele ser que el primero es “mas difícil que toque”. Así, a veces, decidimos, basados en un cálculo de probabilidades…, aunque su estimación exacta no sea uno de los fuertes del comportamiento humano. Los dos números, tienen exactamente las mismas posibilidades de ser premiados pero…, algo nos dice que no es así. De hecho, en 1983, en Venezuela, éste mismo número, el 11.111, salió premiado en la lotería nacional, y se inició una investigación judicial para averiguar qué “trampa” se había cometido, pues ni las autoridades podrían creer en esta posibilidad.

El mito de la racionalidad humana, es uno de los más antiguos y, en la actualidad, con el aporte de la investigación científica, uno de los argumentos más infantiles e irracionales que se pueden esgrimir, cuando se habla de la elección humana. 

Cuentan María Dolores Ávila y Carmelo Vázquez – a Carmelo tuve el gusto de conocerlo en la Universidad de Málaga, en la sesión que impartió sobre psicología positiva – que ni si quiera los premios Nobel se libran de las trampas mentales y los sesgos cognitivos, a la hora de hacer elecciones y realizar cálculos de probabilidades.

En concreto, la historia que traigo hoy aquí, tiene su final en 1995, cuando Robert Lucas recibe el premio Nobel de Economía. Lucas recibía tan distinguido galardón por su contribución teórica sobre las previsiones racionales y la relación entre inflación y paro. El premio, como seguro que sabemos, está dotado de la cantidad de un millón de dólares. Pero él sólo se pudo quedar con la mitad, precisamente, por el equivocado cálculo de probabilidades que realizó, dejándose llevar sólo por la predicción racional.

Y es que, siete años antes, el profesor Lucas, se había divorciado de su mujer. Ella, quizá demasiado optimista o extraordinariamete visionaria, había incluído en el acuerdo de divorcio, la claúsula de que si su ex-marido ganaba el premio Nobel, repartiría con ella el montante económico. El matemático, creyó que esa  posibilidad era absurda, así que no tuvo inconveniente en que se introdujera la mencionada claúsula. Lo más sorprendente de la anécdota, es que la claúsula perdía efecto el 31 de octubre de 1995 y, ¿saben cuando recibió el Nobel Robert Lucas? Pues sí, muy poco antes, ¡el doce de octubre!

Claro que es cuestión de suerte, pero, ¿es caso la suerte un elemento racional y mensurable? La racionalidad no se pone en peligro con la asunción de que existen otros elementos a tener en cuenta. Nuestro comportamiento, nuestra mente y nuestro cerebro, son imperfectos. La mente humana es un kluge, como diría Gary Marcus, y está lleno de interferencias y, como veremos, de atajos mentales. ¿Sabes cómo descubrirlos?

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2 respuestas a El mito de la racionalidad humana

  1. Laura dijo:

    ¡Hola Jesús!

    Bueno, es cierto que por la fecha, parece una casualidad lo que provocó que Lucas tuviera que dar la mitad de su premio a su mujer. No obstante, cuando su mujer incluyó la cláusula es porque en cierta forma, como tu dices, estaba visionando que esto podría ocurrir, lo que se parece más a una causalidad ¿no?.

    Lucas vio absurda la probabilidad de divorcio y acepto automáticamente la cláusula.
    Creo que el mal uso de la racionalidad entorpece a veces, cuando no utilizamos en conjunto con la parte emocional en la toma de decisiones.
    En este caso, creo que son dos habilidades emocionales las que están presentes:

    Por una parte Lucas no hizo un ejercicio de empatía, para tratar de averiguar por qué su mujer tenía el mente esa posibilidad de divorcio y él no, por lo tanto, su actitud fue más bien egocéntrica.
    Por otra parte, Lucas tampoco hizo uso de su capacidad de autocontrol emocional, pues en el momento que no se cuestionó el porqué su mujer le hacía esa demanda, se limitó a actuar y firmarla sin más, bajo la premisa automática de que esto no podía ocurrir.
    La suerte entonces, se la echó Lucas a sí mismo inconscientemente. Y esa inconsciencia automática, le llevo al error en la respuesta final. Por lo que podría llegar a la conclusión de que la suerte futura puede ser mesurable en la medida en la que mides también las situaciones que te están ocurriendo en este momento.
    Además, en el momento que su mujer quería compartir el premio nobel con él si se divorcia, considero a este amor insano, pero esto ya es otro tema.

    Por lo tanto, creo que detectar esas interferencias o atajos mentales está relacionado directamente con la capacidad de autocontrol emocional que cada uno tenemos. A Lucas la emoción le impulsó a la acción, sin antes deliberar acerca de ésta.
    Su mujer, sin embargo, fue previsora, abarcó todas las posibilidades posibles y aprovechó esta reacción de su marido para “controlar” ella la situación.

    En mi caso, siempre he sido una persona bastante impulsiva y el autocontrol es una habilidad emocional de la que aún estoy aprendiendo a ser competente. Es a través de la detección de esos atajos mentales, consecuencia de los anclajes mentales ( resultado de mis creencias, educación, cultura..) los que más me están ayudando a solventar esa mala gestión que puede tener pésimos resultados también.

    Para mí todo se resumen en la frase que me solía decir mi madre mucho cuando era pequeña, que no sé si a Lucas se la dijeron: “Laura hija, cuenta hasta 10 antes de actuar”.
    De esta forma la suerte te la echas tú y las probabilidades de acierto aumentan.

    ¡Saludos Jesús! y Gracias por hacernos pensar en estos temas.

    Laura

    • ¡Muchas gracias, Laura, por tu trabajado comentario! Desde luego que en el caso de Lucas se entremezclan multitud de factores, como señalas. Lo que a mi más me llamó la atención fue, precisamente, tu título de maestro en predicciones… Creo que, como bien dices, el manejo emocional y el reconocimiento de los sesgos mentales, es una necesidad si queremos gestionar mejor nuestro comportamiento y decisiones. ¡Buen día!

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