Creer para crear desde el liderazgo

Estas últimas semanas han sido de mucho trabajo y he descuidado el blog, hoy, desde México nuevamente, mis disculpas.

Me viene rondando por la cabeza desde hace unos días una idea y es la aplicación práctica de algunos efectos psicológicos que muestran cómo cuando se cree, se crea. Se crea una relación, se crea un liderazgo, se crea una posibilidad. O al contrario.

Y es que el otro día me contaba un buen amigo, cómo su jefe le reclamaba el cumplimiento de unos objetivos, mientras añadía una crítica incisiva a su labor. Era la primera vez que recibía este tipo de feedback pero ya tenía consecuencias inmediatas sobre su puesto. Este jefe, poco líder, no se co-responsabilizaba de la falta de resultados, de su propia falta de seguimiento, ni de la falta de crecimiento de mi amigo. Años atrás, estaba en las felicitaciones y recogiendo los pingues beneficios que reportaba su actividad. Hoy, no quería saber nada. Un día desaparecieron los éxitos y, al día siguiente, se acababa una relación. Había dejado de creer en él o, quizá, nunca lo hizo. Ahora, quiere que un coach le ayude…, pero no piensen bien, ¡el coach es para mi amigo! Pobre cuando vea el panorama.

Cuando no creemos en algo o en alguien, se nota. El efecto pigmalión, fundamentalmente nos habla de las posibilidades y los efectos que producen nuestras creencias. Y está muy relacionado con el efecto placebo. Numerosos experimentos nos hablan de esa fuerza del efecto placebo, si bien con este ejemplo, espero que resulte especialmente clarificador.

En un estudio realizado sobre el dolor, se expuso a los participantes a una descarga eléctrica. Antes de la descarga, a un grupo de estudiantes les colocaron una crema sobre los brazos que serviría de anestésico, y se es explicó que así se reduciría el dolor derivado de la descarga. Al otro grupo de estudiantes, se les colocó la misma crema, pero se les explicó que serviría de conductor, para facilitar la descarga y que el electroshock fuera más efectivo.

Al finalizar las descargas en ambos grupos, se comprobó cómo los participantes del primer grupo percibieron menos dolor pero, además, cómo la activación de las estructuras cerebrales implicadas en el dolor, también se habían modificado. La ínsula, centro de aversión, relacionada con la anticipación de la pérdida, amenaza o dolor, había descendido su actividad (el sujeto había percibido menos dolor) y, la actividad en la corteza prefrontal, relacionada con el área cognitiva, había sido mayor (el pensamiento y convencimiento de que la crema hacía su función, activaba la corteza)

Por tanto, las expectativas, relacionadas con nuestras creencias y convencimientos – en este caso relacionadas con la ausencia de dolor – influyen de manera no sólo psicológica sino también física. De tal forma que, a través de nuestro cuerpo, de nuestros gestos y de todo nuestro lenguaje no verbal, se transmiten sensaciones relacionados con nuestro convencimiento o ausencia del mismo, que captan nuestro clientes, colegas de trabajo y, desde luego, nuestros más cercanos.

Ese contagio e influencia lo demuestra otro experimento. Describe el profesor Álvarez del Blanco un estudio sobre la comunicación inconsciente, en el que un grupo de pacientes sometidos a cirugía dental, recibieron un analgésico placebo durante una intervención quirúrgica, típicamente dolorosa. Los pacientes se vieron libres de molestias sólo si los dentistas también creían que el tratamiento que administraban era un calmante auténtico. El comportamiento convencido de los dentistas, reforzaba el efecto placebo y, en cambio, cuando eran conscientes del placebo, aunque quisieran convencer a sus clientes, su lenguaje y comportamiento gestual, impactaba, negativamente lo suficiente, como para que el efecto placebo se pudiera reducir o anular.

Cuando dejan de creer en tí, es duro, y corres el peligro de que “se te pegue”, que tu propio convencimiento disminuya y te creas menos. A mi amigo no le queda más que reconstruirse, generar diferentes estrategias y reafirmar su convicción en su esfuerzo y trabajo. Quizá también le ayude esto mismo a ganarse de nuevo a sus superiores.

La generosidad es una característica del líder y, el liderazgo se comprueba en el ejercicio. El egoísmo nos aparta de la conexión con el otro, y es más fácil encontrarlo cuando se deja de creer en los demás. Así, creer en los demás, en el equipo, es una necesidad del verdadero líder. A veces necesitamos creer en las personas y las  cosas para que luego suceda.  No es tan fácil, pero siempre es útil.

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