Tu tabla de salvación: la decisión

¿Qué harías tú si, navegando, se hundiera tu embarcación y quedaras solo, sola, en medio del océano? La pregunta supongo que te sonará a ciencia ficción, pero para el protagonista de nuestra historia, Stephen Callahan, fue una experiencia desgraciadamente real.

El cinco de febrero de 1982, a unos mil trescientos kilómetros de las Islas Canarias, el barco de Callahan, el Napoleon Solo, volcó durante una tormenta y tuvo que sobrevivir en el mar más tiempo del que hubiera deseado y, probablemente, del que hubiera pensado que podría hacerlo: setenta y seis días.

Callahan nos cuenta su historia en el libro Seventy-six Days Lost at sea y, en un momento escribe: “Cerca de mí yacen los restos de Solo. Mi equipo está debidamente protegido, mis sistemas vitales funcionan y las prioridades diarias han sido establecidas, prioridades que resultan indiscutibles. De alguna manera, me pongo por encima de la aprensión, el miedo y el dolor de la rebelión. Soy capitán de mi barquito que navega en aguas traidoras. He escapado a la agitación confusa que siguió a la pérdida de Solo y finalmente he conseguido comida y bebida. He vencido a una muerte casi segura. Ahora tengo que elegir entre llevarme a mí mismo hasta una nueva vida o renunciar y contemplarme morir. Elijo luchar tanto tiempo como pueda

En cada uno de sus setenta y seis días, hubo de tomar decisiones, muchas decisiones y, como cuenta él mismo, la decisión más importante era si quería seguir sobreviviendo o no.

Sheena Iyengar, escribe que Callahan enfocaba su situación, con todo lo terrible que era, en términos de elección. En medio del océano, bajo la constante amenaza de innumerables peligros y frente a una soledad que, seguramente fuera angustiosa, no escuchaba en su interior la voz crítica que confirmaba un veredicto de muerte, sino que escuchaba fundamentalmente una pregunta, y era: ¿quieres vivir? 

Esa pregunta le posicionaba con una actitud diferente para dar una afirmativa respuesta. Y esa respuesta, ese sí, le ofrecía fuerzas para seguir luchando, para seguir eligiendo, pasa seguir decidiendo por su supervivencia.

Esta semana he estado trabajando con un colectivo que se encuentra bastante desmotivado, y así lo expresan. Seguir decidiendo es la clave. Cuando dejamos de decidir, las circunstancias se hacen con nuestras respuestas y las convierten en reacciones, en meras comparsas de un victimismo que nos hace languidecer. Vivir, seguir viviendo, querer seguir viviendo, aún es posible. Y más fácil para los que estamos en tierra firme.

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