Vulnerabilidad: la cuna del cambio

No es el crítico quien cuenta; ni aquellos que señalan como el hombre fuerte se tambalea, o en qué ocasiones el autor de los hechos podría haberlo hecho mejor. El reconocimiento pertenece realmente al hombre que está en la arena, con el rostro desfigurado por el polvo, sudor y sangre; al que se esfuerza valientemente, yerra y da un traspié tras otro pues no hay esfuerzo sin error o fallo; a aquel que realmente se empeña en lograr su cometido; quien conoce grandes entusiasmos, grandes devociones; quien se consagra a una causa digna; quien en el mejor de los casos encuentra al final el triunfo inherente al logro grandioso; y que en el peor de los casos, si fracasa, al menos caerá con la frente bien en alto, de manera que su lugar jamás estará entre aquellas almas frías y tímidas que no conocen ni la victoria ni el fracaso”.

Leía este extracto del discurso “Ciudadanía en una República”, The man in the arena, de Theodore Roosevent, y pensaba en la valentía de seguir adelante, de enfrentarnos a los retos, de mirar, cara a cara a los peligros de la vida y decir: ¡a por ello! De empezar y continuar nuestra vida de protagonistas y no temer al fracaso porque en ello, en aquello que no conseguimos, encontramos algo nuevo: a nosotros mismos con una nueva hazaña, a nosotros mismos con un nuevo mérito, a nosotros con una nueva enseñanza.

Y escuchaba decir a la doctora Brené Brown – brillante una vez más – que la vulnerabilidad es la cuna de la creatividad, el cambio y la innovación, ¡y cuánto sentido tiene!

Tanto las personas como las organizaciones, diariamente nos enfrentamos a novedades, retos y aprendizajes, en el fondo, cambios, y cómo no sentirse incómodo, cómo no sentirse vulnerable. Pero la vulnerabilidad no es debilidad, “ese mito – dirá nuevamente la doctora Brown – es profundamente peligroso (…) La vulnerabilidad es la medida más precisa de la valentía

Frente al cambio, el proceso racional es necesario, pero el trabajo emocional es imprescindible. Ser capaces de entender, legitimar y validar las emociones que provoca la incertidumbre, así como manejar un nuevo escenario, crear un apropiado contexto y favorecer estructuras corporativas que nos ayuden al proceso adaptativo, serán las herramientas con las que podamos contar. Evocando siempre, y siempre de nuevo, el protagonismo sobre la arena, para evitar caer en la posibilidad de convertirnos en almas frías y tímidas que no conocen ni la victoria ni el fracaso.

Es un proceso de valientes, pero sólo los valientes pueden ser libres. Libres de sus miedos, de sus vergüenzas y de sus imposibilidades. El trabajo más costoso es profundizar, escarbar  y reconocer. Y, al fin, sentirse libremente vulnerable.

Gracias por compartir, Dra. Brown, y tomar conciencia de esa necesaria libertad.

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8 respuestas a Vulnerabilidad: la cuna del cambio

  1. danieldiez dijo:

    Jesús,
    Me encanto el post, como tantos otros tuyos.
    Gracias por ayudar a inspirarme.
    Abrazo.

  2. Arturo Peñuelas dijo:

    ¡Muchas gracias Jesús por compartir estas valiosas reflexiones! Felicidades por esta inspiradora síntesis del pensamiento de grandes líderes y del tuyo también.

  3. Pingback: Optimismo Inteligente » EstarEnParo

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